ENTÉRATE

Miércoles, 24 Mayo 2017 15:05

Jóvenes de La Loma en la Escuela de Ética y Cultura de Paz

Quienes participan de la Plataforma Juvenil de La Loma tienen ahora un nuevo reto: la Escuela de Ética y Cultura de Paz a la que asisten cada sábado en las aulas de la Universidad de Antioquia.

Uno de los lugares de Medellín a los que Región ha estado más vinculada en los últimos años es la vereda La Loma, del corregimiento de San Cristóbal, al occidente de Medellín; allí, se ha investigado sobre el conflicto armado, el desplazamiento de forzado y el trabajo de memoria con víctimas del desplazamiento intraurbano; además, se desarrolló parte de la estrategia de Garantías de No Repetición en el 2015. Y desde el 2016, con el apoyo de Acnur, se ha trabajado en el fortalecimiento de colectivos de jóvenes que exploran sus talentos y capacidades y los han puesto al servicio de la transformación del imaginario de violencia que se ha construido sobre el territorio.

Quienes participan de la Plataforma Juvenil de La Loma tienen ahora un nuevo reto: la Escuela de Ética y Cultura de Paz a la que asisten cada sábado en las aulas de la Universidad de Antioquia. A esta iniciativa también se une el Instituto de Estudios Políticos del Alma Máter. Para María Ochoa Sierra, coordinadora de posgrados y extensión del Instituto, “este proceso es sumamente relevante porque ofrece herramientas teóricas y metodológicas para la comprensión de los conflictos a los que se enfrentan diariamente los jóvenes que están participando del curso”; de otro lado, como ella afirma, se abre la posibilidad de recoger elementos sobre la ética, la participación, la ciudadanía, la democracia y la resolución de conflictos. “En un contexto transicional como el que nos encontramos es indispensable que los jóvenes participen, de manera responsable, de la construcción de paz, más aún ellos que han sido víctimas directas del conflicto armado, y han sufrido sus consecuencias”, agrega María Ochoa.

Pero además de esos contenidos, que se pueden llevar a la vida diaria y a las prácticas cotidianas de este grupo de jóvenes, el curso tiene un plus: “se procura que los participantes se acerquen al ámbito universitario y establezcan nuevos referentes para sus proyectos de vida”, dice Sandra González, coordinadora del proyecto “Fortalecimiento de los colectivos de jóvenes de la Vereda La Loma” e integrante del programa Derecho a la Ciudad y al Territorio de Región. Es decir, que la universidad se convierta para ellos en una opción de vida, que la sientan cercana y alcanzable, que se antojen de estudiar una carrera y que trabajen para lograrlo.

Después de dos clases, Geiber Alexander Paniagua manifiesta agradecimiento y afirma que se sienten los aprendizajes: “Nos brinda un buen espacio para aprender más sobre lo que ya teníamos en mente o que ya conocíamos”, y es que estos jóvenes no llegan al curso ‘en ceros’; ellos tienen un acumulado, pues a través de sus experiencias como integrantes de la Plataforma Juvenil cuentan hoy con conocimientos y reflexiones que hoy también llevan a las aulas para ponerlas en diálogo con la teoría. Juliana Naranjo, otra integrante de la Plataforma, afirma que “es importante porque nos ubica en un contexto social en el cual entendemos muchas de las causas y de los orígenes de conflicto que aún estamos padeciendo”.

Y es que, en general podría decirse que muchos de los jóvenes “desconocen las estructuras y las funciones del Estado, que desconocen la norma y sus derechos y manifiestan desconocimiento y apatía hacia los espacios de participación”, según explica Sandra González. Por eso, este espacio se convierte en una oportunidad para cualificar, para empoderar y como nos dice Juliana: “para saber cómo replicar y cómo transformar nuestro territorio y educar a los que tenemos alrededor en temas de paz, resiliencia y perdón”.

 

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