Un programa que es patrimonio de la televisión regional

""Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña:
¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?
Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia:
Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas".
Gonzalo Arango

Desde principios de los ochenta el narcotráfico y el negocio de la muerte habían conseguido que el imaginario sobre Medellín se redujera a una ciudad en guerra. El año en el que se firmó la carta magna del país, una promesa en materia de derechos humanos, la guerra ya había reclutado una generación de jóvenes que ahora se perdía en el no futuro y la no semilla. Fue el año más violento de Medellín, una época en la que las inclemencias de la guerra habían convertido la historia reciente de la ciudad en un gran listado de desaciertos y horrores, de desesperanza y desesperación, de lágrimas y duelos.

En 1990 el presidente Gaviria creó la Consejería Presidencial para Medellín, porque lo que estaba pasando en el Valle de Aburrá requería acciones inmediatas y concretas, nombrando a Maria Emma Mejía en la vertiginosa labor de recuperar esa generación de jóvenes que aún se encontraba en la cuerda floja. Ya se habían llorado y enterrado suficientes hijos de la guerra y cada vez era más difícil agregar nombres a lista de pérdidas.

"¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo cuando nada, cuando nadie ya habla, cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras de un mundo que ha perdido su memoria de un mundo?", escribió Jaime Sabines una vez explicando que no tenemos un lenguaje para los finales, que agregar ausencias a la ausencia es ahogar los nombres y levantar muros alrededor de las imágenes. Las ideas del poeta mexicano expresan muy bien las sensaciones comunes en el Medellín de las pérdidas y los entierros.

Era un viernes 15 de marzo. Ese mismo día, años atrás, Quino tuvo la idea de Mafalda en el 62, se estrenó la icónica película El Padrino en el 72 y Brasil terminó su dictadura militar en el 85. Ahora, en 1991, se daba inicio a un programa en Teleantioquia que se convertiría en una apuesta de innovación social (aunque el concepto no aplique para la época) y que terminaría siendo un patrimonio de la televisión regional. Arriba mi Barrio se llamó, y fue una iniciativa que desarrolló la mencionada Consejería Presidencial para Medellín de la mano de Región.

Alonso Salazar y Maria Emma Mejía eran los presentadores del programa que duraba cuatro horas y que surgió como una propuesta ética para los jóvenes, a través de la visibilización de iniciativas sociales y culturales existentes en los barrios olvidados de las laderas del Valle, inscribiéndose como una apuesta de futuro y esperanza.

El objetivo era que los jóvenes que se quedaban en la casa, por los toques de queda para menores de edad que había por aquellos días, aprovecharan el tiempo viendo un programa que les ofrecía, primero una película que tocaba temáticas que intentaban responder a los problemas o cuestionamientos del país por esos días, un foro de la película, y finalmente a los barrios, la posibilidad de cambiar esos imaginarios existentes tanto en jóvenes como en viejos, y conocer la ciudad, con todo el color, con los líderes comunitarios, con la historia, con los grupos juveniles y culturales... con toda la vida que la guerra aún no había podido acallar.

Ese viernes a las cuatro de la tarde, los artistas de Barrio Comparsa llenaron de música y color las calles del Popular 1. Se concentraron en la vida y en los sueños de los habitantes de uno de los territorios que había sufrido las consecuencias del narcotráfico y el negocio de la muerte, que seguía sufriendo con las milicias populares que se disputaban el poder en los barrios.

"Arriba mi Barrio se inscribió como una propuesta de valores, de ética, de esperanza para los jóvenes y la ciudad. Si se mira de fondo, lo que fue en su primer momento, es la apuesta que debería tener la televisión pública en Colombia, que lo ha hecho muy bien en los últimos 8 años Señal Colombia, preguntándose por lo folclórico y por entender el país, como lo hicieron Arriba mi Barrio y Camino al Barrio en su momento", explica Daniel Botero, investigador de Región que hizo parte de Camino el Barrio –nombre que tomó el programa EPM se hizo cargo de su realización–.

El programa lleva más de 20 años recorriendo los rincones de la ciudad en un principio y del departamento y el país en la actualidad. El espíritu sigue siendo el mismo, sumergirse en las historias cotidianas, en las iniciativas culturales, en todo aquello que represente la vida y ofrezca una pequeña luz, que renueve los brotes de esperanza, que contrarreste los hechos violentos en estos 50 años de conflicto en el país.