¿Dónde están las niñas y los niños?, pregunta la Escuela

Los últimos días de noviembre las calles de Loreto se inundaron de colores. Malabaristas, zanqueros, tambores y payasos de narices coloradas detuvieron el tráfico del barrio. Los niños de Loreto salieron detrás del carnaval y se reunieron con los personajes, quienes propusieron a los niños cantidades de juegos y manualidades. Y mientras los chicos tenían sus manos ocupadas y su mente dispuesta a aprender y divertirse, alguno de los personajes carnavalescos les hacía dos simples preguntas: ¿cómo te llamas? Juanito, Pedrito, Pablito: ¿tú vas al colegio? Y todos los nombres, de los que iban al colegio y de los que no, fueron anotados a mano en unas listas fantasmas, de cuya existencia los niños ni se dieron por enterados.

La misma escena se repitió en las calles de El Salvador, Villatina, La Sierra y otros barrios de las Comunas 8 y 9 de Medellín. Eran finales del 2004 y tras el primer año de la administración de Sergio Fajardo se vislumbraba un panorama muy positivo para la educación. Al mismo tiempo, Medellín se convertía en un municipio receptor de personas desplazadas por la violencia, que llegaban a poblar las laderas de la ciudad desde todos los rincones de Antioquia y del país.

El número de habitantes creció y así mismo crecieron la pobreza, la desigualdad y la cantidad de niños que requerían un lugar en el aula de clase. Entonces el reto era no sólo garantizar los cupos en los colegios públicos sino pensarse el derecho a la educación: que todos los niños tuvieran, verdaderamente, las condiciones de acceso al sistema educativo. Así surgió "La escuela busca al niño y a la niña", un proyecto interinstitucional en el que participaron la Secretaría de Educación de Medellín, UNICEF, Corporación Región, la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia y la Asociación Antioqueña de Cooperativas -Confecoop.

El nombre surgió de otro proyecto que se había llevado a cabo en el Quindío después de que el terremoto de 1999 destruyera varias escuelas de Armenia. "La escuela busca al niño" pretendió llevar las clases y los maestros a otros espacios accesibles, en vista de que la infraestructura estaba en reparación. En Medellín, en cambio, las aulas de clase no se trasladaron a los barrios, sino que se buscó entre carnavales a esos niños que por diversas razones habían desertado o nunca habían ido al colegio, ya fuera por falta de recursos o por la poca pertinencia de la escuela y sus métodos educativos en el contexto del niño. El objetivo del proyecto fue entonces que estos niños que pasaban sus días en la casa o trabajando en las calles, volvieran a la escuela.

Adrián Marín, educador que trabajó en el proyecto "La escuela busca al niño y la niña" con Corporación Región, explica que la reinserción de los niños en la escuela es todo un proceso. Primero hay que identificar los barrios más vulnerables a la deserción escolar, que normalmente son los más pobres. Aspecto en el que Corporación Región ya había adelantado varios estudios, y así fue como los primeros sectores de la ciudad que se eligieron para el proyecto fueron las comunas 8 y 9.

Después se debe determinar, en estos sectores vulnerables, cuáles son los niños que no van al colegio y por qué. Antes que visitar el barrio, es primordial hablar con los líderes comunitarios. Son ellos quienes hacen de puente entre las instituciones y la comunidad. Y después, los malabares y payasos prenden la fiesta. Las "listas fantasmas" que se llenaban durante los carnavales en los barrios fueron muy útiles durante este proceso. En el 2005, se identificaron 240 niños desescolarizados sólo en las dos comunas mencionadas.

El siguiente paso es hablar con las familias de los niños e impulsarlas a que hagan parte del programa. Los niños que aceptaban volver a estudiar hacían antes parte de un proceso de aprestamiento a la escuela, en el que participaron los maestros en formación de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia. El "aprestamiento" no era una escuela como tal, sino una forma de enterarse cuáles eran esos conocimientos que el niño tenía y cuáles le hacían falta, sobre todo en materia de lectura y escritura.

Estos niños que la escuela fue a buscar hasta sus casas no tuvieron que pagar matrícula -cuando aún en Medellín la educación no era completamente gratuita- ni sus familias hacer los trámites administrativos, que tantas veces son motivo de desescolarización. También se dotó a todos con uniformes y kit escolares.

Tras el éxito que tuvo "La escuela busca al niño y la niña" en las comunas 8 y 9, el proyecto se replicó, entre 2005 y 2011, en otras cinco comunas de Medellín. Y aunque no solucionó por completo el problema de la deserción escolar, sí contribuyó a que muchos niños volvieran a la escuela.

"La escuela busca al niño y a la niña" se fue de Medellín y se desvinculó de Unicef, pero en cambio se convirtió en una estrategia del Plan de desarrollo de Antioquia. Inicialmente se propusieron 18 municipios, todos pertenecientes a las zonas de consolidación. De estos, se abarcaron 10 en las regiones de Bajo Cauca y Urabá.

En un contexto rural, con problemáticas muy distintas a las de la urbe, fue necesario que Región se replanteara la estrategia. Los carnavales por las calles no se podían aplicar en territorios cuyo único acceso era fluvial, vía chalupa, como en Nechí, o a los que se llegaba únicamente por caminos de herradura tras caminar dos o tres horas, como en varias veredas de Urabá. La escuela se vio, pues, en una encrucijada para encontrar a los niños que estaban no sólo fuera, sino muy lejos de ella; explica Fernando Herrera, historiador e investigador de la Corporación Región.

De la imposibilidad de reunir a todos los niños con sus familias en un sólo sitio nació Angie, una niña cuya familia había sido desplazada que, después de unos años sin estudiar se vinculó nuevamente a la escuela. Angie no fue sólo una estrategia de comunicación para el proyecto: la chiquilla morena de cabello en moña se convirtió en un símbolo. "Si Angie pudo volver a la escuela, yo también puedo". Y la niñita, con miembros de la Corporación Región y un equipo operacional oriundo de la zona, se desplazó por las veredas y los cascos urbanos de los municipios tocando puerta por puerta en busca de aquéllos niños que no estaban en la escuela.

Los resultados fueron alarmantes. En tan sólo una semana de búsqueda se encontraron, en los 10 municipios, 2.480 niños por fuera del sistema educativo. Los motivos de desescolarización eran varios. Primero, "estos niños y jóvenes no iban a la escuela porque ellos y sus familias no veían en la educación un elemento relevante para el desarrollo de sus proyectos de vida", cuenta Fernando. En el Bajo Cauca, por ejemplo, la empresa Mineros S.A. exige a sus trabajadores un mínimo de escolarización hasta quinto de primaria. Y para los habitantes de la región trabajar en minería, en el mototaxismo o involucrarse con los grupos armados, son opciones más rentables que pasar once años frente a un tablero. Es decir, dice Fernando Herrera, que "hay un desacople cultural entre la economía y la educación".

Por otra parte, el factor económico es fundamental. Para las familias no es suficiente con que la educación sea gratuita y no haya que pagar por la matrícula, pues un niño estudiando necesita alimentarse, transportarse, uniformes y útiles escolares. La carencia de esa canasta básica educativa es la culpable de que muchos niños no vayan a la escuela.

Únicamente cuando el Estado garantice a las familias la canasta básica educativa, podrá decirse que en Colombia la educación es un derecho y no un servicio que responde a las demandas del mercado. Por supuesto, también es fundamental que haya escuelas para todos los niños, maestros suficientes, infraestructuras y dotaciones dignas y una pedagogía pertinente al contexto en el que se desarrolla el niño.

"La manera cómo está pensada la educación no rompe con el círculo de la pobreza, todo lo contrario: lo intensifica", piensa Fernando Herrera. "La escuela busca al niño y a la niña", más que un programa de escolarización, es un llamado de atención sobre la manera en que se está pensando la educación en Colombia. ¿Cómo educamos y para qué educamos? Son las preguntas que deben propiciar el debate público sobre un derecho sin el cual no es posible el cambio social.