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Lunes, 18 Septiembre 2017 04:41

Lecciones de una visita histórica

Foto: Daniel Mordzinski Foto: Daniel Mordzinski

Por el bien de este país, por su futuro, y en sintonía con el espíritu que propuso Francisco con su presencia, ¡Bienvenido el encuentro entre diferentes! 

Por: Rubén Fernández Andrade
Columnista invitado

¿Cómo haremos para dejar que entre la luz? ¿Cuáles son los caminos de reconciliación?

Papa Francisco

El paso de Francisco por Colombia dejó hondas huellas en la conciencia nacional. Su presencia renovadora y refrescante, alentó y también, cuestionó actitudes y posturas de personas y grupos. Este personaje latinoamericano, comprometido de vieja data con la justicia y la dignidad, no solo es un jefe de Estado (El Vaticano) y cabeza de la Iglesia Católica a nivel mundial; es todo un líder espiritual. Su presencia entre nosotros tuvo evidente impacto en muchos terrenos, su magnitud y verdadera repercusión, se verán con el tiempo, pues va mucho más allá del ámbito de quienes profesan la fe católica.

De su visita hay tres aspectos que desde la Corporación Región vemos con sumo interés:

·   La multitudinaria congregación y la visibilidad de las víctimas

Estamos, sin duda, ante la movilización social más numerosa de la historia nacional. Resulta interesante el despliegue de tanta energía humana en torno de una convocatoria de carácter cultural y más exactamente espiritual. Francisco, mensajero de ideas y actitudes, figura carismática, cercano a las personas, conocedor de nuestra realidad, no ofrecía a cambio de concurrir, más que reflexiones, ritos y palabras. Para el pueblo colombiano sumido en el escepticismo, la incredulidad y la indiferencia, este motor en el alma que hizo salir a la calle a más de 6 millones de personas, es motivo de esperanza.

Pero además, aprovechó su presencia para visibilizar la existencia de personas victimizadas y en medio de esa multitud nunca antes vista, Francisco tuvo especial cuidado en individualizar, reconocer y destacar a las víctimas del conflicto armado. No sólo en Villavicencio, sino a lo largo de todos sus recorridos, con gestos como romper el protocolo y aproximarse a una persona en silla de ruedas, evidenció esta dolorosa realidad nacional. En la Corporación Región que lleva varios lustros contribuyendo a que la realidad de las víctimas del conflicto se reconozca y se repare, consideramos que estos son gestos de enorme valor para nuestra sociedad.

·   Las preguntas a la Iglesia Católica

Colombia tiene necesidad de vuestra mirada propia de obispos, para sostenerla en el coraje del primer paso hacia la paz definitiva, la reconciliación, hacia la abdicación de la violencia como método, la superación de las desigualdades que son la raíz de tantos sufrimientos, la renuncia al camino fácil pero sin salida de la corrupción, la paciente y perseverante consolidación de la «res publica» que requiere la superación de la miseria y de la desigualdad

Papa Francisco. Discurso a los Obispos, Sep. 7.

Quizás la institución con la agenda más nutrida de temas pendientes, es la Iglesia Católica y en particular la Conferencia Episcopal. Ese cuerpo colegiado, ciertamente, ha apoyado numerosas obras educativas y de servicio a personas vulneradas en zonas de conflicto, pero en las circunstancias actuales, no sólo no ha sido capaz de enviar un mensaje coherente a su feligresía, sino que tiene en su seno los polos opuestos: desde quienes han trabajado y se comprometieron en la firma de los acuerdos, hasta quienes echaron campanas al vuelo celebrando el triunfo del NO en el plebiscito de octubre. 

Recientemente, hemos visto repetirse la historia colombiana: las disputas políticas rompen la unidad del episcopado y una parte de sus miembros, en lugar de ponerse por encima de la confrontación, se convierten en sargentos de causas cuyos generales son dirigentes políticos. Resulta inevitable y obligatorio que cada obispo se vea en el espejo del Papa y se confronte con su coherencia, su consistencia y su actitud. 

·   El respaldo al proceso de paz

La Iglesia, en fidelidad a su misión, está comprometida con la paz, la justicia y el bien de todos. Es consciente de que los principios evangélicos constituyen una dimensión significativa del tejido social colombiano, y por eso pueden aportar mucho al crecimiento del País; en especial, el respeto sagrado a la vida humana, sobre todo la más débil e indefensa, es una piedra angular en la construcción de una sociedad libre de violencia

Papa Francisco. Encuentro con autoridades…. Sep. 7

En términos generales el balance más claro es que Él –jefe de estado, líder espiritual y cabeza de la Iglesia Católica–, respalda de manera evidente e inequívoca el proceso de paz. Lo hace por encima de las confrontaciones políticas internas, aunque no faltan quienes afirmen que su palabra es un apoyo al gobierno, que no lo es; o un ataque a la oposición al proceso de paz, que tampoco lo es.

Entre los opositores al proceso de paz que siguen haciendo laboriosa actividad para entorpecer la implementación de los Acuerdos, se han escuchado algunas voces reflexivas. ¡Por fortuna! Pero también, varios de sus voceros han descalificado muchas veces de manera grotesca, la figura de Francisco y su legitimidad; es la postura egocéntrica típica de quienes reconocen la autoridad si y solo si, concuerda con sus opiniones; si esa figura los cuestiona o se ubica lejos de sus intereses y su ideario, entonces recurren a las versiones fantasiosas y conspirativas para invalidar. Ojalá prevalezca la primera actitud y se abran espacios de discusión y argumentación razonada, sobre esa base podremos construir los acuerdos, para enfrentar el desafío más urgente que tenemos como sociedad y como país: la reconciliación.

Asimilar los aprendizajes de la visita del Papa a Colombia tomará tiempo. Cada quien hará lo suyo. En términos doctrinarios, lo dicho por Francisco no es novedad, ya una buena parte de representantes de la Iglesia lo han expresado desde su lugar y de muchas maneras, pero que lo haya hecho quien lo hizo, tiene una carga simbólica de gran valor.

Preservar la distancia crítica con lo expresado por el Papa en sus discursos y los mensajes que se desprenden de sus actitudes, así como con la iglesia como un todo, no sólo es natural, sino constructivo. Lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo como organización. La necesaria secularización de la vida social que implica ampliar el campo para creyentes, agnósticos y ateos, no riñe con el reconocimiento del profundo valor del acontecimiento que sacudió este país en septiembre. Desde el lugar de las organizaciones de la sociedad civil, hay que decir que se ha abierto una ventana de oportunidad para establecer contacto y conversación con una parte de la sociedad colombiana que se declara férreamente, vinculada al catolicismo y que se ubicó en la orilla de los opositores al proceso de paz. Por el bien de este país, por su futuro, y en sintonía con el espíritu que propuso Francisco con su presencia, ¡Bienvenido el encuentro entre diferentes!

Por este legado, benéfico para toda la sociedad: ¡Gracias, Papa Francisco!



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