La memoria, un patrimonio, que no se puede rifar

El saliente director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez, espera que la Presidencia escoja para sucederlo a una persona que garantice la continuidad de lo realizado en más de una década de trabajo y respete las normas que rigen a la entidad.
Más allá de las aulas

Gracias a todas esas experiencias con la comunidad las iniciativas expresan que han recuperado el respeto, han aprendido a convivir, a estar en grupo, a tratar con el otro, ser buenos compañeros y que en unión pueden lograr grandes cambios; el mostrarse ha hecho que los reconozcan por sus buenas prácticas y enseñanzas.
Educar es tejer con los hilos de la pasión

Claudia Restrepo. Responsable de Capacidades de Comfama
@eskole
Pasando por el cuerpo

Con el proposito de mejorar las dinámicas y prácticas de aula, un grupo de 30 docentes en los municipios de Ayapel, Montelíbano, Puerto Libertador y Tierralta, participaron en un proceso formativo centrado en el juego teatral como herramienta pedagógica para la construcción de paz.
Defender la educación pública: un deber moral inaplazable

Las familias, las organizaciones de la sociedad civil, los sectores políticos, la empresas, la sociedad en general estamos llamadas a rodear, acompañar y promover la defensa de la educación como un derecho fundamental a lo largo de la vida, desde la educación inicial hasta la educación superior, con recursos suficientes, con autonomía y libertad para seguir aportando a la construcción de un país en paz.
El deber de la memoria debe preservarse

Las nominaciones a la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica, en remplazo de Gonzalo Sánchez, dan cuenta de que la memoria es, para un sector de la sociedad, un nuevo campo de batalla. Postular personas sin idoneidad académica, con ánimos revanchistas que desconozcan el valor de lo construido, es hoy una amenaza real.
La mejor esquina: ¿ingenuidad o negligencia?

Dos décadas después de haber formulado una Visión para Antioquia, conviene revisar qué ha pasado en la región y qué tanto avanzamos en la materialización de los ambiciosos atributos con los que engalanamos tal sueño colectivo. Como recordarán, la primera parte de la pregunta que sirve de título a este ensayo, sintetizó el resultado del inédito proceso de construcción social. La disyunción que sigue a los dos puntos resume la opinión del autor. Según tal visión, en el 2020 Antioquia sería “justa, pacífica, educada, pujante y en armonía con la naturaleza”. Transcurridos veinte años de imaginar ese luminoso futuro, y dibujado tan radiante y promisorio paisaje, los datos disponibles muestran una gran distancia entre el sueño y la realidad. Aunque no abundan los indicadores que den cuenta de tales asuntos, estando incompletas la mayoría de las series de tiempo, si tomamos un período suficientemente amplio, las cifras no son muy auspiciosas. Recientemente se ha reunido evidencia relacionada con los objetivos que nos propusimos alcanzar: La pregunta concluyente que se impone, luego de esta breve descripción de lo que ocurre en el territorio metropolitano y en la región antioqueña, es si fuimos ingenuos en la prospectiva que originó la visión o no hicimos las tareas necesarias para materializar tales atributos. Confeccionamos un verso y nos sentamos a esperar que se hiciera realidad por arte de birlibirloque. Como dicho encantamiento no se hizo carne, henos aquí en una situación muy lejana de la aspiración social que en su momento generó tantas ilusiones. Realizado ese primer ejercicio, abandonamos cualquier preocupación por el futuro y ahora somos una sociedad huérfana de sueños comunes y de propuestas de largo aliento. Muchas lecciones se podrán extraer de este experimento fallido, tanto respecto de las características del proceso que lo originó como del rol que tendríamos que haber jugado individual y colectivamente, para no lamentarnos hoy de tan paupérrimos resultados. Ciertamente no bastaba con soñar un futuro radiante, pues la sola inercia no generaría nunca las modificaciones radicales requeridas en tantos ámbitos del desarrollo territorial. Otro será el lugar y el momento para intentar dilucidar el dilema planteado en el título. Pero, por ahora, queda claro que las altisonantes transformaciones que algunos anunciaron fueron un ruido mediático del que sólo quedan apenas, ecos remotos.
De Colombia a Perú por el qhapaq ñan

El Camino Inca o Qhapaq Ñan, en quechua, se tejió hace un centenar de años por los Incas al unir un sistema de caminos por la Cordillera de los Andes partiendo de Perú y llegando a Colombia, lo que dio paso a extraordinarias alianzas comerciales y culturales.
“Si Medellín no logra reconciliarse, no habrá reconciliación en el país”

Para que Medellín avance en este camino es necesario reconocer que hoy somos una ciudad fracturada, escindida, polarizada. Necesitamos tender puentes, activar diálogos difíciles pero posibles. Hemos liderado en buena medida las dinámicas del conflicto armado, somos la tierra que vio nacer sus más poderosos protagonistas y sus miles de víctimas. En medio de esto, contamos también con una serie de experiencias de resistencias, de iniciativas de paz que, desde los barrios, las instituciones, el arte y la cultura nos han enseñado otras gramáticas.
¡Que la seguridad no nos cueste la vida!

Esta ciudad tiene un invaluable acumulado de experiencias de convivencia y alternativas de cuidado construidas por décadas por organizaciones sociales que deberían ser reconocidas y fortalecidas.