La paz es un deseo siempre presente en la Navidad. Frases en tarjetas de regalo, discursos de líderes mundiales, publicidad por todos los medios y llamados religiosos, la resaltan constantemente. Este anhelo de paz recoge una aspiración humana profunda: la de vivir en armonía con todos los seres que habitan el planeta; por eso cuando deseamos que la Navidad sea un tiempo de paz, no nos referimos solo a que cesen las guerras, sino que también hacemos una invocación para que la vida en común esté marcada por el amor, la generosidad, la unión, la gratitud y la reconciliación.
Poner fin a los más de 120 conflictos armados que actualmente hay activos en el mundo es una de las principales responsabilidades de los gobiernos de todos los países; y aunque como ciudadanía exijamos que se garantice la paz como un derecho humano fundamental, sabemos que las causas de las violencias y las decisiones que se toman para enfrentarlas, superan las posibilidades que tenemos como organizaciones, colectivos y personas. La Navidad, como época de reflexión individual y de compartir en comunidad, se convierte en un tiempo ideal para hacernos conscientes de una responsabilidad sobre la que sí tenemos injerencia directa: la de ayudar a construir la paz cotidiana que tanto anhelamos.
Responder a este propósito implica que todas las personas asumamos el compromiso de llevar a cabo en nuestros entornos cercanos –la familia, el trabajo, las amistades, el barrio –acciones que promuevan la escucha, el diálogo, el respeto, la empatía, el perdón, la esperanza, la compasión y la alegría. Es decir, que asumamos la tarea de construir y mantener relaciones basadas en el reconocimiento de la dignidad de cada ser humano y que la búsqueda de la justicia sea el motor que impulse siempre nuestro proceder.
Desde Región deseamos que el espíritu de reflexión que acompaña estas fiestas decembrinas nos permita afianzar el compromiso con la construcción de la paz en la vida diaria, orientando nuestras prácticas cotidianas a la prevención y rechazo de todo tipo de violencias, disponiendo nuestras capacidades para el cuidado de las personas, los territorios, los procesos colectivos y el planeta, y levantando nuestra voz contra los señalamientos, prejuicios y estereotipos que generan discriminaciones y exclusiones.
En esta época de Navidad renovamos nuestro propósito de trabajar por el bien común, la gestión pacífica de los conflictos y el cumplimiento de los acuerdos que facilitan la vida en comunidad, con la firme convicción de que la práctica habitual de estas acciones, favorece la convivencia y fortalece los proyectos colectivos desde los cuales defendemos y promovemos la paz como un derecho de todas las personas que habitamos este país.
La paz que construimos día a día es un motor esencial para impulsar y exigir esa paz grande que nos permitirá vivir en un mundo mejor, más libre, más democrático y más solidario. Desde la Corporación Región les deseamos una Navidad en Paz y un 2026 con justicia social, económica, ambiental y de género.